EL CANTAR DE LOS PUEBLOS VENCIDOS

Discurso de presentación en la FIL 2019, por Willard Díaz

Antes de empezar permítanme hacer una advertencia. Según la teoría literaria más moderna, la poesía no tiene significado sino sentido, esto quiere decir que el análisis e interpretación de una obra no puede llegar una conclusión, a la satisfacción de la lectura perfecta o casi perfecta, científica, digamos. Hoy creemos que el sentido de un poema se construye tanto en la escritura del mismo como en su lectura, incluso en su circulación. No es que haya una interpretación por cada lector, lo que sería llegar a la anarquía del texto, sino que el acto poético tiene varias posibilidades de construcción y siempre queda más o menos abierto a las nuevas lecturas. Nos pasa con la poesía de Neruda, por ejemplo, que durante unos años era considerada una joya de romanticismo, luego se la creyó demasiado simple e inmerecedora del premio Nobel que alcanzó, y más tarde volvió a su pedestal.

No quiero decir, está claro, que no se pueda juzgar el valor de una poesía, por supuesto hay poesía buena, regular y mala, y esta última es la que abunda. Lo que pasa es que hay épocas más permisivas que otras: el clasicismo e incluso el modernismo fueron más exigentes con las normas, el posmodernismo es más suelto, más indiferente, diríamos. A veces hay que esperar que pasen un par de modas para evaluar mejor a las obras de arte.

Dicha la cual advertencia voy a justificar mis tres hipótesis de cara al “Cantar de los pueblos vencidos” de César Belan. Esas tres hipótesis son 1) Belan, más que un católico, que un profesor, que un conservador, más que el buen amigo y que el hombre de familia, es un poeta. En su vida parecer ser la poesía la que pone el orden superior. 2) Creo que es un poeta neobarroco. 3) Creo que es de los mejores que tenemos en la última década.

Para afirmar lo primero me baso en la línea de ascenso que hallo entre su plaqueta del año 2010 “Apologético”, su primer poemario “Bitácora de las Yslas” de 2012 y este último, “Cantar de los pueblos vencidos” que nos entrega siete años después. Uno advierte fácilmente que ha estado trabajando mucho sus poemas entre una fecha y otra y que cada vez se superan unos a otros. No solo en los usos del lenguaje sino, lo que es verdaderamente importante, en el sentido de su búsqueda estética. Su mundo es cada vez más rico y cada vez más amplio, como bien señala César Sánchez en un comentario publicado en el diario El Pueblo. Se nota que Belan está asumiendo cada vez con más entereza su vocación literaria, y que ella es ya su actividad vital dominante.

Pero eso es poco decir. Me aventuro a hablar del poeta, de César Belan de carne y hueso, luego hablaré de su voz poética, y ya se sabe que ambas cosas no son lo mismo aunque de algún modo se corresponden. Belan tiene una figura pública conocida en esta ciudad: profundamente religioso, defensor de la tradición monárquica, discutidor contra las izquierdas; Belan tiene una imagen familiar por lo menos para los que lo observamos, aunque sea de lejos, de hijo amoroso, esposo y padre que irradia afectos; Belan es un buen profesor, un intelectual joven, incluso un hombre de una institucionalidad respetuosa y responsable, creo yo. Pero todas esas acciones, toda esa conducta, esas ideas y esos ideales los veo dominados, organizados y coloreados por la poesía. Pienso incluso que podríamos decir que son el material que Belan usa para su trabajo de poeta, que parece su ocupación primordial. Es, el “rasgo dominante” que organiza y jerarquiza a los demás en el rostro espiritual de nuestro autor. No es que su vida cotidiana no sea Belan el auténtico, solo que tiendo a pensar que quien ordena, digo pone en orden y le da forma a todo eso, es la bendita poesía.

Y esto lo hallo relacionado con mi segunda hipótesis, con la naturaleza y la forma que adopta su voz poética en el “Cantar…”.

César Sánchez en el comentario que cierra el libro nos dice que el ropaje de esta poesía es barroco, pero que tras él se refleja el desastre de nuestra propia Tierra Baldía. La propia voz poética empieza con un himno cuyo título es “Mi barroco mi trinchera”.

En efecto, el barroco es el período literario que en el siglo XVII registró el inmenso cambio social, político y cultural que produjo el mundo moderno, período del cual son representantes Gracián, Góngora y Calderón en nuestro idioma. ¿Cuáles son los rasgos que caracterizan al barroco? Vamos al “Diccionario de términos literarios” de Estébanes, uno de los últimos y mejores. Señala cinco. Uno: Pérdida de la armonía y el equilibrio clásicos y aparición de un recargamiento ornamental de formas, con el fin de estilizar y caricaturizas la sociedad. Eso se puede hallar en el “Cantar” de Belan. De un modo notoriamente intencional la voz poética aquí emplea el recargamiento de la escritura contemporánea, con uso de paréntesis que dentro de los versos duplican, amplifican, quiebran y desvían el sentido de las palabras; con figuras y tropos que son ya poco comunes en la simplificada poesía actual; con sus sueltos latinajos; con el uso dominante del “concepto”, que, al decir de Sánchez, es “esa imagen de imágenes tan cara a Gracián”.

Segundo rasgo: Búsqueda de un mundo de belleza deslumbrante creado por la palabra poética, a través de recursos expresivos originales. Elección de cultismos por su valor eufónico y musical, utilización de latinismos sintácticos, referencias mitológicas, complicadas agudezas de ingenio a través del juego de palabras y conceptos, intensificación de figuras retóricas. Todo ello lo encuentra el lector en el “Cantar” de Belan.

Tercer rasgo del barroco: visión desencantada de la realidad, como consecuencia del desencanto producido por la crisis de la sociedad. Visión que no es ajena al poeta que nos hace el Cantar. Cuarto rasgo: Cambio en la recepción y tratamiento de los clásicos, que en el caso de Belan es también notorio, cuando pone a la tradición literaria desde los griegos en adelante al servicio de su propia visión irónica del mundo. Y finalmente, en la poesía barroca anota nuestro diccionario, abunda la variedad de temas y subgéneros: poesía lírica, amorosa, religiosa, festiva, satírica, histórica, cantares, romances, sonetos, epístolas; y variedad de espacios poéticos, América, Europa, Asia. ¿No es acaso la diversidad que uno encuentra en el “Cantar de los pueblos vencidos”? La carátula misma es ilustrativa: cuatro ojos, tres narices, tres bocas, dos orejas. Es aquello a lo que Carlos Llasa llama “un romance a varias voces”. Lo cito: “las voces que el poeta orquesta en la página dialogan entre ellas mismas y con las piezas gráficas”. En verdad, tenemos en el índice un himno, una diatriba, una epístola, una apología, una sextina trunca, una canción, una oda, un diálogo, un estudio, un soliloquio y diversas consideraciones. Hallamos junto a los poemas textos en prosa históricos, legales, grabados de Francisco de Goya.

Tal diversidad es entonces claramente barroca.

Pero, y aquí mi tercera hipótesis, yo diría que es más bien neo barroca. Porque el barroquismo de Belan no es el original, sino un barroquismo posmoderno en el cual la ironía emplea los géneros de modo meta poético. El rasgo principal de la voz narrativa a mí me parece el irónico, el que nos dice una cosa para con humor sugerirnos otra. El humor según mi lectura es uno de los rasgos más importantes de la voz poética: ¿cómo leer sino esta caracterización de los tombos hijos de “las parcas rameras… que los mal fascieron”? ¿Y cómo interpretar la broma lingüística que le juega a nuestro común amigo, el lacaniano Rogelio Scott, titulada “Oda a lo fallido”?

Debo añadir por eso, a diferencia de la opinión de mi amigo César Sánchez, que por sobre la imagen de una waste land que sería el tema central del Cantar, hallo una imagen esperanzada, amable y hasta tierna, no solo de la vida familiar sino del país todo. Me gustan por eso los versos finales del poema llamado “Autorretrato”, versos de verdadero amor al país: “En el Perú se está bien (dejémonos de vainas) En el Perú se está bien, por defecto”. Dada la irónica ambigüedad final, y a través de ella misma, el amor a la vida es notorio.

Por eso mismo mis poemas preferidos del libro son los más íntimos, los familiares. El notable poema dedicado al abuelo-padre, titulado “Para Stjepan Belan”, el amical “Ciudadano de Pompeya”, y la amorosa sextina trunca “Amor cortés a Blanca”.

Por todo lo dicho, sostengo en mi tercera hipótesis que Belan es uno de los mejores poetas que tenemos en el siglo xxi arequipeño. Un siglo que se está caracterizando por la rebaja de los estándares publicables; porque, al decir de un crítico norteamericano de “Paris Review”, es un siglo que ha transformado a la poesía en un deporte, y en el cual la diferencia entre el lector y el autor tiende a desaparecer. Belan en cambio cuida la palabra, la figura, el verso, la sensibilidad estética, sabe que la patria verdadera del poeta es la lengua y que hay que ganárselas con esfuerzo.  “El cantar de los pueblos vencidos” es eso, el cantar no de los que derrotados ofrecen la otra mejilla o los que plañen o los que odian, sino de los que cantan, porque el canto es música y es armonía, pero sobre todo es palabra, verdad, esperanza y vida.

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