Sobre “Contar un cuento”

Reseña, por Santiago Pérez-Wicht Meza

Una vida de dedicación al cuento se sintetiza en la última publicación de Willard Díaz. Contar un cuento (2019) es un manual indispensable. En ciento ochenta páginas se expone una definición del cuento, una breve historiografía y muchos de sus aspectos técnicos. Todo con claridad meridiana y una prosa didáctica y directa. El berenjenal que puede ser para el neófito el acercamiento al arte y la técnica del cuento es organizado por el autor para que avancemos con herramientas sólidas. Contar un cuento es un manual para escritores, pero también para estudiantes de literatura y lectores que quieren aprender a descifrar el engranaje de lo que leen. En este texto haré un rápido cateo a los nódulos del libro.

De entrada, el autor nos habla de «fuerzas convergentes» que deben colisionar en el que aspira a escribir cuentos. Estas «energías convocadas» son la imaginación, el talento, la disciplina, la experiencia —vital y literaria— y la técnica. Todas ellas se necesitan y superponen en el escritor de cuentos. Todas son imprescindibles. Carecer de una debilita el acto creativo. Contar un cuento solo puede ayudarnos a conocer la última de estas cinco energías. Luego nos propone una definición positiva del cuento como una «narración ficticia breve escrita en prosa». Narración por ser sucesión de acontecimientos interrelacionados, ficticia por su nivel lúdico, breve porque debe leerse de una sentada, y escrita en prosa, es decir, a partir de las reglas de escritura que la prosa exige.

El siguiente punto se encarga de definir al narrador, el personaje principal de todo relato. Al narrador hay que clasificarlo «no por su relación con el personaje principal sino por la relación que establece con su enunciado en conjunto». En esencia, hay dos tipos de narradores: externo o interno a la diégesis del cuento. A su vez, cada uno de estos narradores se subdivide. El narrador externo u omnisciente se subdivide en dos —total o parcial—, mientras que el narrador interno, más rico y complejo, se subdivide hasta en seis posibilidades —protagonista, personaje secundario, testigo, no fiable, editor, intruso—.

Luego el autor plantea una clasificación del concepto de punto de vista —englobante, acumulativa, electiva y particularizante—, entendido como el modo de mirar o considerar un asunto. Y nos dice que esta tipología pone énfasis en el conocimiento, «en la interrelación de narrador e historia, y en la globalidad de la interpretación. […] En la estrategia general, más que en las tácticas parciales que la componen». Hay dos decisiones vitales que el escritor debe tomar antes de escribir un relato: el tipo de narrador y el punto de vista. La buena o mala combinación de ambos elementos determina el resultado final del texto.

En las siguientes páginas se exponen los tres estilos narrativos que se usan para objetivar la voz y los pensamientos de los personajes —directo, indirecto e indirecto libre—, los conceptos de voz y tono de la narración asociados con la figura del narrador, tres tipos de caracterización de personajes —física, psicológica y conductual—, y cuatro tipos de diálogos —monólogo, monólogo interior, flujo de conciencia y diálogos—. Más adelante, el autor explica la ambientación como la técnica que se encarga de crear el espacio adecuado para el relato. Y nos dice que cada relato, cada tema y cada tipo de narrador demanda una ambientación particular. Luego distingue entre escena, que pone al lector frente a la acción, y resumen, que nos distancia de los hechos que se narran.

Por último, el manual nos habla de comienzos y finales. En los comienzos distingue, en primer lugar, entre historia —el orden cronológico de los acontecimientos— y relato —el modo específico como cada autor ordena los acontecimientos—. Luego plantea hasta siete tipos de comienzos —con personaje, con acción, con ambientación, con diálogo, con situación dramática, con reflexión, in media res—, los cuales, a su vez, pueden combinarse enriqueciendo así las primeras líneas del cuento. En cuanto finales, el autor acude a la teoría de la acción para introducir la idea de corte de un «acto particular aislado dentro de una continuidad del ser». Este corte “recorta” una porción del flujo de una existencia marcando un comienzo y un final con un propósito determinado. Y nos habla de dos tipos de finales, el mítico —propio de la épica— que presenta un final predestinado de las acciones del personaje, y el moderno —propio de la novela— que traiciona nuestra confianza en los finales predestinados logrando finales ingeniosos e imprevistos.

Con marcada vocación didáctica, Contar un cuento es un manual que condensa y sintetiza los elementos nucleares de la técnica literaria. «Lo aquí expuesto es bastante simple y práctico», escribe el autor, pero no debemos engañarnos. Detrás de cada página están los procesos que han llevado a los estudios narratológicos a establecer conceptos que clarifiquen el fenómeno literario. La simplicidad la debemos a la capacidad expositiva de la prosa de Díaz, que vuelve diáfano lo que era caliginoso. La practicidad depende del uso que le de cada nuevo autor al contenido de este manual. Desde ya podemos decir que se volverá pieza clave de talleres y talleristas de escritura creativa.

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