6 notas sobre Augusto Aguirre Morales

Por: Willard Díaz

UNO

La primera vez que vimos su nombre fue en la pequeña antología “El cuento arequipeño” publicada por Vladimiro Bermejo en el Primer Festival del Libro Arequipeño, en 1958. Tres de sus cuentos juveniles aparecen en ese libro, pero Bermejo los tomó de otra antología, publicada cincuenta años atrás, la de Francisco Mostajo llamada “Pliegos al viento”, de 1908.

Tardamos varios años en hallar la edición original de Mostajo, para comprobar que allí tampoco había mucha información sobre Augusto Aguirre Morales. Dice Mostajo sobre Aguirre en el prólogo que “pese a sus empeños de vulgarizarse en un realismo falsificado como el de “Dolor ebrio”, tiene contextura idealista, es el más legítimo cuentista o conteur de los que figuran en esta colección, pero un cuentista de argumentos esfumados, de psicologismos suaves, de realidades depuradas, que de lo contrario fracasa, con fracasos tanto más lamentables cuanto que aún tiene que esmerilar mucho la forma”.

Lo cierto es que su cuento “El ganadero”, de los cinco antologados por Mostajo, nos pareció de los mejores escritos en Arequipa en la primera mitad del siglo XX. Por eso lo incluimos en nuestra propia colección “Veinte cuentos arequipeños”, publicada por el Ministerio de Cultura en 2016. Así comenzó esta historia.

 

DOS

¿Quién es Augusto Aguirre Morales? Ha sido difícil saber de su vida. Lamentablemente los historiadores arequipeños son poco atentos con las biografías de estos personajes menores que, sin embargo, han simbolizado el alma de la ciudad con sus ficciones mejor que varios de los políticos, curas y militares renombrados. Para los teóricos, críticos o profesores de literatura regional, esas investigaciones históricas y sociológicas faltan, no hay dónde anclar los análisis e interpretaciones de los textos ficcionales de los autores arequipeños modernos.

Tal vez, digo solo tal vez, la historia de la literatura arequipeña contemporánea recién ahora se va a escribir porque van poco más de cien años desde que la narrativa local vio la luz en la antología fundacional de Mostajo; hasta ahora pareció no existir o no ser digna de investigación. Quizás ha llegado recién el momento de mirar hacia atrás y documentar sus orígenes, de construir una serie bio-bibliográfica que nos lleve al punto en que estamos hoy.

Augusto Aguirre Morales nació en Arequipa el 24 de abril de 1888 (Lo cual significa que escribió sus primeros cuentos, entre ellos “El ganadero” a los diecisiete o dieciocho años). Estudio en el Colegio de la Independencia y luego Jurisprudencia en la Universidad Nacional de San Agustín. Muy joven se inició en el periodismo.

Fue profesor en la Escuela de Varones de Tingo, viajó a Lima e ingresó a la docencia en la Escuela Nacional de Bellas Artes (1930). En Lima se hizo amigo de Valdelomar y se unió al grupo Colónida. Para entonces ya era conocido por sus obras, algunos poemarios, cuentos y dos novelas: “La medusa”, de 1916; y “La justicia de Huayna Cápac”, de 1918.

 

TRES

En el prólogo de “El pueblo del sol” se lee:

“Veinte años hace, cuando un “vargasvilismo” ingenuo y furioso presidía mi estética y la de todos los adolescentes que nos iniciábamos, todavía en las aulas del colegio, pasé el Rubicón con una novela. Era la primera vez que mi nombre aparecía en letras de molde. “Flor de ensueño” se llamaba el libro. Basta el título para imaginarse lo que pudo ser. Ténganse en cuenta, en este orgulloso mea culpa, las siguientes atenuantes: quince años, hambre de sentirme llamado autor, Vargas Vila a la cabecera y un amor muy furioso lleno de los románticos embelecos de los héroes de Dumas. Agréguese —antes de agitarlo— temperamento implacablemente romántico y cierta dosis de desequilibrio, agudizado por la “nevada” arequipeña, y se tendrá como resultado aquel glorioso garabato que llevaba contera de prosa rimada, como era de rigor y con el que hice entrada triunfal en el campo de las letras. Pero fui autor, me sentí genio y miré a la gente por el rabillo del ojo y por sobre el hombro.

Pero ya desde aquellas fechas tenía yo vagos vislumbres de la esterilidad de esa labor literaria postiza, con personajes, con ambiente, con modalidades que no eran nuestras y adolecían, por consiguiente, de irremediable falsedad. Como fui haciéndome hombre, comprendí que el camino que llevábamos era florido abajadero que nos conducía, derechamente, hacia la honesta gloria de genios de nuestra aldea”.

 

CUATRO

Tito Cáceres Cuadros, el mejor crítico e historiador que hemos tenido en las últimas décadas, nos ofrece este perfil de Augusto Aguirre Morales en su tratado “Literatura arequipeña”:

“Joven poeta en los álbumes de las señoritas de nuestra sociedad, con influencia del mejor Zorrila, autor de “Devocionario” y “Flor de ensueño”, liberal en la política (amigo de Mostajo, Lino Urquieta y Arturo Linares), luego periodista e inquieto buceador de la Historia, él indicó la importancia de los caciques Alpaca en los destinos de Cayma, Por ejemplo, Augusto Alpaca Tankaflor, de la dinastía de Huáscar, curaca opuesto a la catequización del indio. Como escritor ensaya, a través del cuento románticas anécdotas que se orientan hacia el estilo “colonidista”. Al igual que Valdelomar buscó en el exotismo de nuestro pasado una reconstrucción casi arqueológica, para desde allí moldear una historia y poblarla con un lenguaje rico y preciosista. Por ello necesitó, también, premunirse de las ideas y el ritmo de González Prada, de la elocuencia d´annunziana y el retoricismo elegante y mórbido de Vargas Vila. Solo así se explica la riqueza de imágenes que nos llegan a través de “La venganza de Hayna Cápac” y “Los cuentos del inca Kuyapátac”.

 

CINCO

El libro más importante que nos dejé Augusto Aguirre Morales fue “El pueblo del Sol”, excelente novela histórica que en su momento despertó polémica (nada menos que con Mariátegui) porque imaginaba un incario violento, cruel, que iba contra la imagen idílica de los románticos y al mismo tiempo contra la idea de un comunismo prehispánico grata a los socialistas de entonces.

Cuando en 2019 llegó a Arequipa el autor de la aclamada “El espía del Inca”, Rafaél Dumett, nombró a “El pueblo del sol” como un antecedente de su propia obra, y comentó:

“Cada vez que me dicen que “El espía del Inca” es la primera novela mayor sobre los Incas escrita en Perú, yo me veo obligado a corregir. Me hubiera gustado que fuera cierto, suelo decir. Pero no es verdad. La primera novela ambiciosa sobre los Incas se llamó “El pueblo del Sol”, publicada en 1927, y tenía poco más de seiscientas páginas. Su autor fue Augusto Aguirre Morales, un escritor nacido en Arequipa. (…)

Íntimo amigo del escritor Abraham Valdelomar, Aguirre participó en las actividades del grupo “Colónida” y fue colaborador de la revista del mismo nombre. Al igual que Valdelomar y otros miembros del grupo, Aguirre se sintió muy atraído por lo que entonces se llamaba el “incaísmo”. Ahora bien, se distanció marcadamente de la visión idealista de Valdelomar y del resto del grupo, que vieron en los incas un motivo para embellecer un pasado remoto del cual no se sabía mucho, tal como hacía la corriente modernista europea que se solazaban idealizando civilizaciones antiguas.

Aguirre mismo sucumbió a esa tentación en la espectacular nouvelle “La justicia de Huayna Cápac” publicada en 1918, y que ha sido descrita como un puntillismo decadentista. Pero algo debe haberlo dejado muy insatisfecho, pues con su siguiente creación literaria, “El pueblo del Sol”, se propuso algo diferente: reconstruir contando con todo el saber disponible y a su alcance el imperio incaico, focalizándose menos en la belleza brumosa del vocabulario o la elaborada sintaxis. Para ello se dedicó a estudiar minuciosamente las crónicas españolas, especialmente la de Garcilaso, y a informarse de los últimos descubrimientos arqueológicos de su tiempo, que llevaban la firma de arqueólogos notables como Julio C. Tello. “El pueblo del Sol” publicada en 1924, tuvo un notable impacto en su época y alcanzó incluso fama continental. El escritor Enrique López Albújar la consideró la culminación de la novelística peruana”.

 

SEIS

Augusto Aguirre Morales es uno de los diez mejores escritores arequipeños del siglo XX, sin embargo es hoy en su ciudad tan poco conocido. Tiene una veintena de cuentos y cuatro novelas, de las cuales una, “La medusa”, ha sido reeditada el año pasado.

Sus mejores textos deberían ser tomados por las Universidades de Arequipa para nuevas ediciones, para estudios críticos actualizados y para, sobre todo, hacer un buen aporte a la construcción de la identidad simbólica de nuestra región.

Por lo menos, para empezar, uno de sus cuentos, “El ganadero”, podría muy bien formar parte del corpus de lecturas del currículo diferenciado que es obligatorio en los colegios estatales de Arequipa.

 

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