Sigo corriendo

Entrevista al narrador Dino Jurado.

Justo a fin de año nos sorprende el lanzamiento de un libro del que muchos hablaban pero nadie había leído, conjunto de cuentos escritos por Dino Jurado a lo largo de veinte años. Se estaban convirtiendo en un mito, pero ahora, menos mal, los tenemos publicados (“Sigo corriendo”, Ed. Apóstrofe) y, es cierto, son de primera calidad. Nos comunicamos con el narrador mollendino que ahora vive en España, y respondió así a nuestro cuestionario.

 

P.- ¿De cuándo datan los cuentos de «Sigo corriendo”? ¿Qué lo animó a publicarlo?

R.- El más antiguo es “La pesca” y data de 1983, y el más reciente “Apaga la luz”, de 1990. Son fechas aproximadas de la redacción de los primeros borradores, porque los he ido corrigiendo con intermitencias a lo largo de varios años, inclusive tuve que publicar algunos de ellos en versiones peores porque algún amigo me pedía colaboración para su revista o suplemento cultural. Quiero decir que nunca los sentí terminados, ni siquiera ahora. En narrativa siempre puedes encontrar una mejor expresión a una escena, un diálogo o una idea. Definitivamente los seguiré corrigiendo. Pero decidí publicarlos tal y como estaban gracias a la insistencia de un amigo editor que creía que ya eran publicables y que “ya era hora”.

P.- ¿Qué relación guardan sus cuentos con la literatura arequipeña de los años 80 y la denominada Casa de Rolo? ¿Cree que existe lo que se ha llamado la generación de los narradores de los ochenta? ¿Quiénes serían?

No sé qué relación guarden con la literatura arequipeña de los 80, porque no he seguido de cerca esa literatura. Viví en Arequipa entre 1975 y 1991 con varios intervalos fuera, y por entonces yo estaba más interesado en la poesía. De hecho lo primero que escribí y publiqué fueron poemas en la Revista Ómnibus y en Macho Cabrío. Fue recién a partir de 1982 que me puse a escribir cuentos.

En cuanto a la Casa de Rolo, es probable que su espíritu me haya animado y aún me anime, y que se puedan encontrar trazas en mis historias. En todo caso, dicha Casa fue para mí un lugar donde reconocí la importancia de la libertad y la intensidad, tanto para la vida como para la escritura.

P.- ¿Podemos adscribirlo a la literatura arequipeña, a la mollendina, a la de los expatriados?

R.- Como bien saben, cualquier adscripción no agregaría ni quitaría nada a mis cuentos, sólo serviría para ponerlos al lado de los de otros autores. Más bien hay que tener cuidado, porque la etiqueta que les pongan podría interferir en la actitud con que los lectores se acerquen a ellos, enfatizaría algún aspecto de mi escritura en detrimento de otros y se perdería la visión de conjunto. Mis historias no son localistas ni pretenden tratar un tema de la realidad social, sino más bien retratan algunos aspectos de la intimidad humana relacionada con la pareja, los hijos o los amigos. Pero, claro, así los veo yo, ahora falta saber cómo los verán los lectores.

P.- ¿Le parece que sus cuentos tienen un aire de familia con los de los narradores arequipeños de su generación? ¿Los problemas de pareja, quizá? ¿El narrador irónico? ¿La nostalgia?

R.- Esas son características que aparecen por separado en algunos de mis cuentos, pero si tengo que señalar un rasgo más o menos común sería, creo, el pasmo o sentimiento de maravilla ante una situación cotidiana, como si el protagonista esperara la revelación del significado oculto de su vida. Como fracasa en esa espera, también tiene un sentimiento de fracaso o desilusión, y finalmente melancolía.

Además rescato como tema de algún cuento el miedo al desenlace, el temblor ante la revelación de la verdad, se la busca pero en el último momento el personaje renuncia a ella porque puede seguir viviendo como antes, con sus viejas verdades. También es verdad que en varios de mis cuentos aparece el alcohol, la juerga feliz o melancólica como un acontecimiento en el cual finalmente no ocurre lo esperado.

P.- ¿Qué tipo de lector le gustaría tener? ¿Quiénes apreciarían mejor su trabajo?

R.- A todo escritor le gustaría que lo leyeran sin prejuicios ni falsas expectativas, sólo con la sana intención de pasar un rato leyendo una buena historia emocionante. No estoy seguro que todas mis historias sean de ese tipo. Claro que hay que preguntarse qué es una buena historia, y lo más probable es que mi concepto de una buena historia no coincida del todo con el que tengan los lectores, pero eso es inevitable.

P.-  Solo por curiosidad, ¿que cuentistas le gustan?

R.- Más que cuentistas me gustan escritores que han escrito grandes cuentos. Quiero decir que si, por ejemplo, Chéjov es probablemente el más grande cuentista que haya existido, a mí no me gustan todos sus cuentos, sino tan sólo los que escribió en los últimos veinte años de vida. Y en cambio, Tolstoi es reconocido como el más grande novelista y sin embargo tiene unos cuentos espectaculares lamentablemente no tan famosos como sus novelas.

De todos modos, sí tengo autores a los que vuelvo siempre, como el ya mencionado Chéjov, o Hemingway, que me influyó a los veinte años y me animó a escribir, o Carver, el último gran cuentista que conozco, algunos de cuyos cuentos los tengo como los más perfectos que se hayan escrito jamás, sobre todo los que aparecen en “Catedral” y en “Tres rosas amarillas”. Son autores bastante conocidos y tan buenos que todos deberíamos releer de vez cuando.

También me interesan autores que no figuran en el canon del cuento, cuyas narraciones han sido catalogadas de imperfectas, pero que tienen una fuerza y una gracia que te hacen agradecerles que las hayan escrito. Tienes por ejemplo los cuentos de Isak Dinesen, más conocida por su novela “Lejos de África”, que lamentablemente ha dejado en la sombra sus maravillosas historias de “Siete cuentos góticos”, o “Anécdotas del Destino” o “Cuentos de Invierno”, y tienes los cuentos de Paul Bowles, también un caso parecido, su fama se funda en una novela, “El cielo protector”, que fue llevada al cine por Bertolucci, pero que también ha escrito una buena tanda de cuentos maravillosos. Y por qué no mencionar los cuentos de Pushkin, o los de von Kleist, autores tan poco citados.

P.- ¿Piensa seguir publicando?

R.- Claro que sí. Aunque la vida en Madrid no me deja mucho tiempo para dedicarlo a la escritura, creo que dentro de un año tendré terminada una novela corta y algunos cuentos más, son historias que tengo a medio escribir y que retomo de tarde en tarde. Ya veremos si las puedo publicar de inmediato.

 

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