Soy leyenda

Falleció Richard Matheson, el autor de la novela “Soy leyenda”.

Un virus vampírico ataca a la especie humana, al inicio parecía una gripe común pero luego se manifestaron extraños síntomas: los enfermos temen a los espejos, a las cruces, a los ajos, después de muertos aún siguen viviendo; la luz solar los calcina, por ello solo salen en las noches en busca de sangre humana. La enfermedad se hizo pandémica y el fin llegó. La comunidad vampírica se dividió en dos, los infectados, convertidos en otra especie, aún racional; y los muertos que han despertado a una vida histérica regida por un solo deseo: alimentarse.

Esta no es la trama de una película terrorífica, sino de una novela, la madre del género apocalíptico publicada en 1954 por el norteamericano Richard Matheson, que ha fallecido la semana pasada en su residencia de California víctima de un extraño mal.

Pero continuemos con la historia. Robert Neville es el único ser humano que ha sobrevivido, es un hombre desafortunado, según él mismo. Antes del desastre era un obrero que todas las mañanas después del beso de su esposa y su pequeña hija partía junto a su vecino Ben Cortman rumbo a la fábrica. Era el sueño americano cumplido.  Ahora, lleva en la conciencia no haber protegido de la hoguera pública el cuerpo infectado de su hija y haber tenido que deshacerse con una estaca de su esposa muerta que quería atacarlo.

El pobre Robert está muy compungido, pero no puede suicidarse. La soledad lo ha convertido en un erudito, lee libros de virología y medicina, se ha llevado a casa un microscopio, en el que analiza la sangre de los infectados y de los vampiros, ha bautizado al virus con el nombre de Vampiriis. A veces piensa que puede descubrir la cura, a veces en medio de su desesperación escucha Beethoven o Mozart, termina algunos vasos de whisky y embriagado abre las ventanas y reta al viejo Ben Cortman, que también es un vampiro estólido y desquiciado, a venir por él.

“Soy leyenda” fue llevada varias veces al cine, la última en 2007. La cinta dirigida por Francis Lawrence y actuada en el protagónico por Will Smith, ni siquiera alcanzó a ser una mala adaptación del texto literario, simplemente es otra historia, una historia muy norteamericana y por ello muy manida, de salvación y de esperanza, en la que un científico renombrado que es parte de la milicia americana y además es casi un fisicoculturista, consigue la cura a través de su conocimiento científico. Éxito de taquilla.

La novela es otra cosa, en la novela el verdadero Neville nunca encuentra la verdad científica, sino más bien la filosófica; su único descubrimiento es la certidumbre de que en el estado actual, frente a la nueva organización de los seres infectados con Vampiriis, él es el anormal pues “la normalidad es un concepto mayoritario. Norma de muchos, no de uno solo” y por ser un anormal está condenado a la muerte: “Neville observó a los nuevos habitantes de la tierra. No era uno de ellos. Semejante a los vampiros, era un anatema y un terror oscuro que debían eliminar y destruir. Y de pronto nació la nueva idea, divirtiéndolo, a pesar del dolor”.

La nueva organización del mundo que Matheson propone en su novela de ciencia ficción puede revelar algunas similitudes con la actualidad. La enfermedad ha dado origen a vampiros de dos tipos, los estólidos que solo quieren alimentarse, y los individuos infectados que han formado una especie de comunidad que buscará controlar a los vampiros estólidos y exterminar al último rezago de humanidad: Neville, convertido en un solitario autodidacta que busca curarlos y que les recuerda su propia enfermedad.

El desafortunado Neville, que se ha visto obligado a dejar su condición de obrero para convertirse en el único sabio en la faz de la Tierra, quizá hubiera sido el personaje predilecto de Schopenhauer, quien afirmaba que el saber se obtiene alejándose de la sociedad “a costa de la infelicidad que implica despojarse de los sentidos”. Para este filósofo el instinto social de los hombres, que interfiere tanto con la posibilidad de pensar, “no se basa en el amor a la sociedad sino en el miedo a la soledad”.

 

Y seguramente para Friedrich Nietzsche Neville sería el candidato ideal a “Super Hombre” que termina ejecutado por una masa de enfermos; de la misma forma llamaba Nietzsche al vulgo en su obra “Así habló Zarathustra”: “Abundaron siempre los enfermos: odian con furia a quien ama de veras el conocer, y a la más juvenil de todas las virtudes, la honradez”. Sin embargo, quizá Nietzsche le hubiese dado al buen Neville un valioso consejo para que salve la vida: “Sí, amigo mío, para tus prójimos eres la conciencia malvada, pues no son dignos de ti. Por ello te odian, y desean chuparte la sangre (…) Amigo mío huye a tu soledad, allí donde sopla un viento áspero, recio. Tu destino no es el de espanta moscas”.

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