Disparidad de criterios

Autor norteamericano celebrado por “Los reconocimientos”.

William Gaddis nació en Manhattan, Nueva York en 1922 y murió en la misma ciudad en 1998. Sus padres eran ejecutivos y se separaron cuando él tenía tres años. Estudió en la universidad, viajó por diversos países y regresó al suyo en 1951.

Escribió cinco libros: el primero, intitulado “Los reconocimientos”, es un grueso volumen de más de mil páginas. Esta novela, resultado de ocho años de trabajo, está considerada en la actualidad como una de las mejores del siglo pasado junto a “Ulises”, etc. “Los reconocimientos” es un extenso análisis de los valores sociales imperantes -básicamente, los de mala índole-. El antihéroe protagonista del novelón es un ex seminarista que deviene en experto falsificador de pintores famosos -una ocupación como otra cualquiera, viene a sostener el autor.

Pero antes de alcanzar el status de obra maestra literaria, en 1955, año de su publicación, los críticos la calificaron de: larga (obvio), compleja, pedante, excesiva, desvergonzada, cara(!?)y,l o que es peor, de demasiado buena para ser verdad, demasiadoo joven su autor para haberla escrito. Citando al clásico e inmortal vate tacneño Federico Barreto: ¿Odio quiero más que indiferencia? No, en éste caso. Fueron tantas y tan negativas las críticas y a tal punto se prolongaron en el tiempo (se ensañaron, para ser exactos) que el heroico Jack Green, fan de Gaddis, erigido en defensor de este, y cual llanero solitario, financió de su propio peculio una campaña antidifamatoria, a fin de evidenciar la nefasta labor de los críticos, a quienes dedicó, entre otros, estos epítetos: incultos, vagos, acomodados, necios, además de otras lindezas. El texto, de doscientas páginas, se editó en 1962 con el explícito título de “Fire the Bastards!” o “Despidan a ésos desgraciados!” en la no exacta traducción castellana.

Después de éste largo traspiés, Gaddis, para entonces casado y padre de familia, trabajó durante una década como guionista de documentales para el Gobierno de su país y como redactor de discursos para ejecutivos de empresas como Kodak, IBM, etc. Sin embargo, no desistió en sus afanes literarios y en 1975 publicó “JR”, otra extensa novela de 750 páginas, con el consumismo capitalista como tema de fondo. Es un laargo monólogo y su protagonista es un niño de once años que juega en la Bolsa y construye un imperio financiero. Esta vez, veinte años después de su polémico debut, logró el Premio Nacional del Libro, lo que le permitió abandonar sus ingratas aunque bien remuneradas labores alienas a la literatura y dedicarse por entero a esta. En su discurso, en la ceremonia de entrega del premio, declaró: ”Me siento parte de esa especie en extinción que piensa que un escritor debe ser leído y no oído y mucho menos visto. Lo pienso porque parece abundar hoy la tendencia a poner a la persona en el lugar de su obra, a convertir al artista en un espectáculo, a encontrar lo que un escritor dice sobre la escritura de alguna manera más válido o más auténtico que la misma escritura”.

Veinte años después, declararía que el frenesí por lucrarse de la era Reagan se podría haber evitado si alguien hubiera leído en su momento “JR”.

Siempre discreto y hermético, el afán de Gaddis por pasar desapercibido fomentó la falsa creencia de que él y Thomas Pynchon eran la misma persona, dadas las semejanzas de estilo en sus obras.

 

De escritor menospreciado a autor de culto, aún tuvo que pasar una década para ser conocido y/o popular, gracias a “Gótico carpintero”, una breve -apenas doscientas páginas- obra que sirvió además para ser admitido en la Academia de las Artes y Letras de su país.

Nueve años después, publicó su pasatiempo favorito.

La breve “Agape se paga” se editó de forma póstuma en 2002.

En sus obras mezcló erudición cuasi enciclopédica, humor y una continua crítica de la generación y amoralidad del libre mercado y su consustancial lema: Arriba el mal! Viva el capital! -propio de la bruja avería-. El mismo lo explicaba así: ”Soy un producto de Norteamérica…Una tierra en la que el uno por ciento de la población tiene a su disposición el cuarenta por ciento de la riqueza nacional es muy interesante para un escritor”.

La influencia de Gaddis se percibe en autores como Jonathan Franzen, el extinto y suicida David Foster Wallace, Don de Lillo o Cynthia Ozick, quien afirmaba que Gaddis era famoso por no ser lo bastante famoso.

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