Día del Sociólogo

Crónica de la ceremonia oficial

 

 

Viernes 13. En un local de la Universidad Católica de Santa María en el centro de la ciudad se han reunido por lo menos media centena de sociólogos, como los propicios brujos de un aquelarre. Esta noche celebrarán su aniversario. Inicia el vice decano de la orden, Edgar Borda Rivera, con un interesante panorama de indicadores que retratan el nuevo escenario peruano en el que el sociólogo deberá intervenir.

Entre aquellos destaca los conflictos sociales, como siempre la pobreza, la desigualdad y los problemas en la educación. Pero luego habla de una inédita presencia. La sociología deberá intervenir en la empresa privada. El sociólogo, antes considerado una amenaza para el sector privado, hoy espera se le abran las puertas de mineras, constructoras y bancos, su labor es titánica pues debe humanizar este sistema.

Lo último genera un inevitable entusiasmo entre los más jóvenes profesionales y una mirada de cautela y cuidado entre los ya experimentados maestros. Sobre todo cuando ingresa uno de los sociólogos más jóvenes de la orden y relata su experiencia en los sectores minas y construcción y declara su interés por “alguna vez” ingresar a trabajar al Estado, así como lo hicieron Patricia Salas y Carlos Leyton, ex ministros que esa noche serán homenajeados.

Pienso que hace unas décadas esto sería inconcebible. Casi estoy segura de que gran parte de mis profesores ingresaron para forjar un cambio social y creyeron, o por lo menos se interesaron, en una lectura marxista de la sociedad. Probablemente la sociología en la empresa ha cambiado nuestras expectativas y nuestra relación con el mundo. Probablemente al joven sociólogo, antes un buscador de problemas, lo ha atacado el entusiasmo de los tiempos.

Pero es en honor a aquellos tiempos que la noche continúa. Llega el momento de los reconocimientos a quienes por su labor académica, profesional o intelectual han marcado un hito en la sociología arequipeña. Distinguen con una medalla el doctor Raúl Fernández Llerena. Es un día especial para él, en la mañana ha dictado su última clase en la Escuela de Sociología. Luego de cincuenta años, y por propia voluntad se retira de las aulas en pregrado. Se extrañará su ruda sinceridad.

Continúan Carlos Leyton y Patricia Salas, ambos ex ministros de Estado, que luego de dejar sus carteras y ante la expectativa y la sorpresa de los estudiantes volvieron a ejercer la cátedra en una universidad nacional y de provincia.

Alguna vez, cuando fueron recibidos con honores en la Escuela, el director José Luis Ramos, fiel a su honestidad expresó su admiración, quién iba pensar que luego de tales cargos volverían, solo alguien que albergue en el espíritu una gran identidad profesional. Gracias a ellos la Escuela de Sociología de la UNSA se ha convertido en la única que cuenta entre sus docentes con la experiencia de dos ex ministros.

Prosiguen los homenajes: al doctor Jordán Rosas Valdivia, ex decano de la Facultad de Ciencias Histórico Sociales y a la Licenciada Rubí Paredes Delgado cuyo trabajo en el área de los derechos humanos, la equidad de género y los derechos de la niñez, es incansable. De pronto ingresa el doctor Héctor Ballón, el respeto que genera se observa en los ojos de sus alumnos que lo aplauden sin cesar.

Llega la claridad con el discurso de Patricia Salas, que inicia con la espada en alto y resalta el deber de utilizar las palabras y las categorías con pertinencia. “Es el compromiso con la rigurosidad que los profesionales de la Sociología estamos compelidos a desarrollar de manera consistente”. Y como durante la noche se ha plateado el tema del nuevo rumbo de la Sociología, Salas trata de interpretar y relata que en sus tiempos de estudiante había un fuerte debate entre cuánto de teoría, ciencia, y cuanto de práctica debería tener un sociólogo. “La historia ha resuelto que ese debate era inútil, ambas cosas son absolutamente importantes”, comenta.

Sin embargo, según la propuesta de la ex ministra aquello que debe diferenciar al sociólogo de otras ramas de ciencias sociales es “una formación teórica sólida y consistente”. Su defensa del conocimiento académico contrasta con la moda de los tiempos que ejecuta una verdadera cacería de brujas contra la teoría. Y que ha convertido la palabra “teórico” en todo un insulto.

¿Qué es eso que sabemos hacer que nadie más puede hacer? ¿Qué nos hace diferente a todos los otros profesionales?, se pregunta Salas, la respuesta es la teoría: “Estamos comprometidos a hacer desarrollos teóricos y metodológicos lo más potentes posibles, nuestros campos de acción son absolutamente retadores”. Es el cambio de los tiempos, de las estructuras, de las relaciones y las instituciones sociales que obliga al sociólogo a ser más observador y quizá menos optimista.

Para finalizar la ceremonia el Decano del Colegio, Eliseo Zeballos, relata la paradoja. Fue en el gobierno de Piérola cuando se enseñó por primera vez Sociología. Llegó la propuesta de abrir una cátedra en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos con un profesor arequipeño que venía de trabajar en la academia extranjera. El Presidente con admirable inocencia aceptó.

No había dinero para pagarle al docente y pidió a la Universidad un préstamo, que le sería devuelto en el presupuesto del año siguiente. Así un 09 de diciembre en 1896, Mariano H. Cornejo dictó la primera cátedra de sociología. Para quienes no lo conocen, fue un abogado arequipeño, autor de “Tratado General de Sociología” libro que ha ganado un espacio en la biblioteca de la literatura sociológica universal. El Decano subraya que Piérola seguramente no sabía lo que hacía. Porque desde entonces han sido los sociólogos los primeros en cuestionar el sistema y el poder. La anécdota parece encaminar la esperanza.

De regreso a casa recuerdo que en las primeras clases del curso de Estructuras Sociales, Víctor Raúl Saca nos enseña que la Sociología no es una ciencia nacida en la izquierda, como muchos ilusos hemos querido creer. “Ha nacido con el capitalismo, es una ciencia del capitalismo”, la crearon para solucionarle los problemas, el caos de las nuevas ciudades, la pobreza de la Revolución Industrial, la desesperanza de la gente. Curiosos son los caminos, me digo. Como señaló aquel viejo filósofo, tal vez el  sistema conciba a sus propios enterradores.

Deja un comentario