Celebración del Carnaval

Por: Percy Prado

En los carnavales que se celebran en nuestro país confluyen elementos europeos, nativos americanos y de origen africano. Unos antecedentes remotos del Carnaval son las saturnales romanas, además de las bacanales (fiestas en honor del dios Baco) y las lupercales (en honor al dios Pan) que se conocieron tanto en la antigua Grecia como en la Roma clásica.

En una primera etapa, las manifestaciones carnavalescas como las saturnales eran igualmente sagradas y, podría decirse, igualmente “oficiales” que los otros ritos y celebraciones. Esta “oficialidad” solo podía funcionar en grupos relativamente pequeños con lazos sociales densos donde era posible hacer del “otro” alguien familiar.

Siglos después, con la llegada del Feudalismo ya no es posible dar la misma categoría a las celebraciones en honor a la nobleza y a manifestaciones cómicas como el Carnaval. Es entonces cuando adquiere un sentido no oficial para transformarse, finalmente, en las formas fundamentales de expresión de la cosmovisión y la cultura populares.

Recordemos que, en esta etapa, la transmisión de la tradición y la cultura es hegemonizada por el clero. Sin duda, es en este periodo donde se gesta y refuerza la contraposición del Carnaval –de raíces paganas– con la Cuaresma católica. Para entonces, el Carnaval era vivido, no representado y la complejidad y riqueza alcanzada son inigualables. Son los elementos carnavalescos de este periodo los traídos a América.

La etapa actual del Carnaval está caracterizada por su constitución como espectáculo fundado en la distinción entre participantes y espectadores (recordemos el carnaval de Río de Janerio o la fiesta de la Candelaria en Puno). A pesar de que mantiene algunos de sus rasgos primordiales, la alegría y desorden característico del Carnaval ya no toman por asalto las calles; es, más bien, una celebración que se prepara y planifica.

Con el tiempo, el Carnaval ha perdido su capacidad de convocatoria y se ha convertido en un festejo que cada grupo social celebra a su manera. En el Carnaval vivido por siglos en nuestro continente no existía división entre espectadores y participantes. Hoy en día, sin embargo, la proliferación de butacas y escenarios es claramente una característica de su mercantilización. Aun así, el Carnaval todavía conserva gran parte de su visión riente y optimista del mundo.

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