Vallejo inicia la poesía conversacional

Entrevista a José Castro Urioste, por Willard Díaz

José Castro Urioste es vecino de Sabandía pero se gana la vida enseñando desde hace más de veinte años Literatura Latinoamericana en la Universidad de Purdue, Chicago, USA. Además es autor teatral consagrado, cuentista y ensayista. Este año tomó sabático, para dedicarse a una investigación sobre la literatura en español en los Estados Unidos, que alimentará sus cursos universitarios.

En su casa de campo, en el corazón de Sabandía, nos sentamos una tarde a conversar.

 

¿Cuál es tu especialidad como profesor universitario?

La principal es Literatura Latinoamericana Contemporánea, pero últimamente he estado enseñando Literatura y Cine, adaptaciones al cine de novelas sudamericanas clásicas, o cuentos.

Empezaba con “Doña Bárbara”, la novela de Rómulo Gallegos, y la película adaptada al cine con María Félix. Luego paso al cuento y la película “Pedro Páramo”. Y descubrí el contraste fascinante entre esas dos obras. Porque Doña Bárbara es la triunfadora del campo, y de pronto cuando entramos a Pedro Páramo es el desastre total, las ruinas. Sin preconcebirlo noté que Rulfo es una suerte de desconstrucción de la novela regional, el cierre total de la novela regional del campo. Santos Luzardo es en realidad un héroe, trae una familia; en cambio Pedro Páramo es un anti-héroe, va a sembrar hijos por todas partes y sin ningún vínculo de paternidad, ni liderazgo social.

Ese contraste me funcionó muy bien. Otros textos fueron “La ciudad y los perros”, “Fresa y chocolate”…

¿Solo latinoamericanos?

Una vez invitamos a un director español que llegaba a Chicago, a presentar una adaptación libre de “La casa de Bernarda Alba”. En su guion las hijas eran unas mujeres secuestradas, vinculadas al tráfico humano. A la hora de la conversación se le preguntó por qué el cambio. En su versión la casa era una especie de prostíbulo posmoderno. Y él dijo bueno, como la adaptamos a esta época cualquiera de las hijas agarraba un celular y pedía ayuda.

“El lugar sin límites”, de Donoso y Ripstein, se me ocurre que serviría también para el estudio.

Claro que sí. “El lugar sin límites” es una tremenda adaptación. Muy buena. ¿Sabes que el actor que hace de la Manuela es el mismo que trabajó como adolescente muchos años antes en “Los olvidados”, de Buñuel? Roberto Cobo.

Quizá debería retomarla en esta época por el tema del género, el trasgénero, la cuestión homofóbica.

“La ciudad y los perros” en también muy buena novela con una gran adaptación. Siempre se ha dicho que es más fácil adaptar una novela que no sea muy buena. Cuando la novela es muy buena es factible que en el guion pierdas más. Es el problema de la novela de García Márquez; todos nos preguntamos qué va a pasar con la serie Netflix.

Los europeos han hecho muy buenas adaptaciones de latinoamericanos, si bien no muy literales. Pienso en “Las babas del diablo”, de Cortázar, y la película de Antonioni, “Blow Up”. Quizá el truco está en crear otra obra de arte a partir del texto literario.

Ese es el reto, crear otra obra de arte, no tratar de imitar a la novela. El cambio del lenguaje, de la palabra a la imagen visual, exige esa transformación. Incluso del teatro al cine, hay esa diferencia.

¿En tu curso de Latinoamericana, enseñas autores, épocas, escuelas?

Hago una combinación. Como soy de la generación de los que empezaron con la Sociología de la literatura, busco la relación Contexto-Texto. Sobre todo para mis estudiantes americanos creo que es importante que conozcan el momento en que apareció el texto literario, y ver como se enmarca en una corriente, por ejemplo el Modernismo, y sus estéticas. Después hay que entrar en un autor específico y finalmente al análisis de una de sus obras. Un progreso de lo general a lo más concreto.

¿Y cuáles son tus textos de trabajo?

Por lo general me limito al súper canon. No hay mucha opción para ir fuera del canon. En el siglo XIX Sarmiento, Martí, Palma. En el siglo XX, Vallejo, Neruda, Vargas Llosa. Por ahí hablo de Ribeyro, a veces Gregorio Martínez, Benedetti.

Lo otro que estoy estudiando últimamente es la literatura en español que hay en los Estados Unidos. Hay muchísima.

¿Hay buena?

Hay de todo. Hace poco salió en una revista un texto de un autor mejicano en los Estados, Zataraín. Sobre el abuso sexual en la familia. Es de antología.

Nuestro paisano, Alarcón, ¿es conocido allí en Chicago?

Bueno, él escribe más en inglés que en español. Tiene la perspectiva desde afuera sobre el mundo peruano.

También están los libros de Junot Díaz, quien ganó el premio Pulitzer. Un escritor con mucha garra.

¿Tus alumnos hablan y estudian en español?

Mis alumnos son la mayoría norteamericanos y descendientes de latinos, de modo que son bilingües. Algunos no son de origen sudamericano, pero empiezan a ser bilingües. Tenemos bastante estudiante que allí se llama “de herencia”: en casa habla español, con su familia, y en la escuela habla inglés. La lengua más fuerte es el español, pero académicamente usa más el inglés.

Hay 50 millones de hispanohablantes en Estados Unidos, somos la primera minoría étnica. Hay más hispanohablantes en los Estados Unidos que en Perú, que en Argentina.

Cuando ya tienes esa condición demográfica, vas a tener una serie de cambios de otro orden al mismo tiempo. Uno de esos cambios va a ser la aparición de gente que escribe mejor en español que en inglés. Lo malo que esta literatura no se difunde bastante. Por una parte, estamos en una época en que la literatura tiene un rol reducido en la sociedad, y más si es literatura en una segunda lengua.

Pero sí se publica, en pequeños aparatos editoriales. No es una corriente masiva. Hay prácticas culturales más masivas que la poesía. En Chicago hay lugares en que todas las noches se baila tango. Y no se diga la salsa. Eso indica un proceso de latinización de los Estados.

¿Tú dictas la clase en español?

Si el curso es en español, uso español. Si es fuera del departamento de español, dicto en inglés. A veces se dicta entre dos profesores, uno en cada idioma, según el tema.

¿Cuáles son los poetas peruano más leídos en Chicago?

Siempre hay un miedo a la poesía. Es más difícil de entender. Con la prosa es más sencillo. Yo he tratado de difundir la poesía conversacional. He presentado textos de Heraud, de Cisneros. Pero por cosas del mercado, son poetas muy poco conocidos.

De Vallejo leemos “Poemas humanos” y “España, aparta de mi este cáliz”. Los otros textos son más difíciles. He tratado de hacer la conexión entre Vallejo y la posterior poesía conversacional, cómo Vallejo es la semilla de la poesía conversacional. Siempre se dice que la poesía conversacional peruana viene por influencia extranjera, del inglés, pero Vallejo, la esencia de Vallejo es el descubrimiento de un nuevo lenguaje, y ese nuevo lenguaje es el coloquial. “Hay golpes en la vida tan fuertes, yo no sé” es algo muy coloquial, o “Qué será de mi dulce y andina Rita..”. Lo que empieza en Vallejo, los de la poesía conversacional peruana lo llevan a un extremo.

Supongo que Vargas Llosa es el autor peruano más conocido…

Ha estado en Chicago medio año, dictando un curso sobre su obra, de cuatro conferencias. Sobre las génesis de determinadas novelas, “La ciudad y los perros”, “La fiesta del chivo”, cómo fue el proceso de su creación.

Yo enseño con algunos de sus cuentos, porque es más fácil hacer gustar un cuento que una novela. Lo bueno es que hay ediciones de toda su obra, en español y en inglés.

También doy a leer a Ribeyro, Bryce. En 1994, más o menos apareció la traducción de “Un mundo para Julius”. Es el segundo novelista más conocido en Estados Unidos, más que Arguedas.

¿Has hecho la prueba con Arguedas?

He intentado, sí. No es fácil, por el trasfondo quechua.

Supongo que tu carrera de profesor la vas a concluir en los Estados Unidos, pero ¿alguna vez has pensado en regresar?

Muchas veces. Creo que todos los migrantes están pensando regresar. El asunto es decidirse, encontrar acá un trabajo parecido. También hay razones familiares. Por otro lado, es la contradicción, Estados Unidos es un país que empieza a tener crisis, y desde ese punto de vista se convierte en algo literariamente interesante. Triump es un personaje que desborda cualquier novela, y al mismo tiempo dices, por qué vivo en un país que tiene gente de esta naturaleza.

Los primeros años que viví en Estados Unidos no podía escribir sobre los Estados Unidos, en los últimos años, sí. Tengo un cuento que se llama “High Park”, es muy norteamericano con personajes latinoamericanos.

Una vez en un Congreso de literatura leí el cuento, en él hay dos agentes del FBI que torturan a un latinoamericano; y después se me acercan dos personas y una de ellas me dice “Profesor, me gustó mucho su cuento. Mi nombre es Tanto, yo trabajo para el FBI, y aquí está el agente Martínez, del FBI”.

Bueno, solo sonreí.

 

Deja un comentario