Zaguán 2: La novela de Arequipa

Por: César Delgado Díaz del Olmo, en Apóstrofe N°2, año 2000.

Cuatro siglos de literatura peruana enlazan las figuras precursoras del Inca Garcilaso en la crónica, Mariano Melgar en la poesía v María Nieves en la novela,  con respecto al tema básico del origen y el destino de la nación mestiza. Porque si la utopía del Inca Garcilaso empalma de alguna manera con la realidad, ésta no podía ser sino la que se refleja en el yaraví de Melgar y en la novel a de María Nieves, que representan lo más profundo y genuino del fervor nativo, la pasión v el furor del mestizo, la elegía v la épica de Arequipa. No es de extrañar entonces que sean autores populares, ya que sus obras siempre han sido acogidas por el pueblo que cantaba los yaravíes del poeta y que leía la novela de la escritora. Por todo esto puede decirse que María Nieves es en la prosa y en la novela lo que Mariano Melgar en el verso y el yaraví: lo más notable de nuestras letras, y por tanto lo que inicia una época en la poesía nacional y en la prosa peruana.

 

LA SOMBRA DE MARÍA NIEVES

 

Tres años después de la sangrienta toma de Arequipa por Ramón Castilla, el 12 de abril de 1861, nació María Nieves y Bustamante, precisamente en la calle y vecindario por donde el vencedor avanzó pasando sobre tres mil cadáveres. Si Garcilaso, que nació ocho años después de la caída del Imperio, también un 12 de abril, había pasado de niño escuchando las lamentaciones de su pueblo; igual le ocurrió a María Nieves, que de todos conocía la terrible desgracia que había caído sobre su tierra. Oyendo estos relatos de los hombres más ilustrados les preguntaba: «¿Pero nadie ha escrito esto todavía?». «Nadie», le respondían (1). Ella era una niña. Entonces se propuso escribir aquellos episodios. A los dieciocho años la guerra desató su pluma, que se estrenó con un relato epistolar sobre el duelo por la muerte de Miguel Grau y los impresionantes funerales con que Arequipa honró al héroe. La carta estaba dirigida a padre en el Cuzco, pero al final se difundió anónimamente por toda la ciudad,

 

Cuando, poco tiempo después, la armada chilena tomó por segunda vez el puerto de Mollendo, en Arequipa comenzó a temerse una invasión de las tropas extranjeras. Se organizó entonces la defensa de la ciudad, en la que todos participaron con gran ardor. Para curar los heridos se formó un grupo de damas, al que María Nieves se integró. En este ambiente de febriles aprestos bélicos y de exaltación del fervor patriótico, escribió en el periódico La Bolsa una encendida proclama que aparece esta vez con su nombre y también con la novedad de un estilo vibrante «¿Y habrá alguien que no grite ¡Guerra!?».

 

Los chilenos no esperaron más y se fueron a tomar Lima. Tres años después, luego de pasearse por todo el país, volvieron vara no quedarse con las ganas de conocer Arequipa, deseo que el presidente Lizardo Montero quiso facilitarles abandonando apresuradamente la plaza perseguido a tiros por los paisanos, furiosos porque los había dejado en la estacada. María y sus hermanas, junto a todas las jóvenes de la ciudad, fueron a refugiarse tras los inviolables muros del convento de Santa Catalina durante los casi cien días que duró la ocupación chilena.

 

Meses antes Arequipa había recibido una visita más agradable, la de Clorinda Matto de Turner que, cual ave sin nido, llegaba del Cuzco viuda, sin hijos y sin fortuna, que todo lo había perdido en otras guerras no menos dolorosas. En esos días aciagos debió ser un consuelo para ella poder compartir su labor periodística con una verdadera «hermana en letras”, como llama a María Nieves, a quien siempre ve o imagina ver «con la tersa frente inclinada sobre el libro». Así, entregada a sus «áridos estudios» o rompiendo el silencio para dejar oír su «voz cadenciosa”, todo resulta ser«gracioso y agradable en María Nieves», dice Clorinda Matto. Y añade algo que quizá sólo podía decir una mujer, que goza viendo hablar a la amiga joven, amable e inteligente: «Su misma conformación física, manifiesta esa especie de esmero que la naturaleza tiene en los cuerpos que llevan una alma privilegiada, poética, delicada como las filigranas en que rivaliza el arte» (2).

 

Pero María Nieves no sólo estaba notablemente dotada para las Letras sino también para la Música. Esto se refleja de una manera muy curiosa en su novela, que incorporara en su estructura el arte de contrapunto, configurándola en cierto modo como una polifonía.

 

Según Francisco Javier Delgado, desde el año 1882 María Nieves tenía ya redactada parte de su novela. Esto significa que comenzó a escribirla a los veintiún años. Se publica primero en cuadernillos, por entregas, en el periódico La Bolsa; y luego recién en forma de libro, en 1892, para la conmemoración del Cuarto Centenario del descubrimiento de América,

 

JORGE, ESPEJO DE AREQUIPEÑOS

 

Alguna vez dijo María Nieves, con indudable modestia, “sólo he querido ser el espejo de mi pueblo”. Y no hay duda que este propósito lo consiguió, más allá de sus propias expectativas, ya que el gran cuadro de la sociedad arequipeña decimonónica que su novela presenta ausencia de queda en pintura costumbrista, ni en evocación histórica, sino que proyecta en perspectiva el gran problema del destino no sólo de la ciudad sino también de la nación mestiza. Y esto, que hoy puede resultar fundamental entender, tiene que ver con el fondo significativo de la obra, que secretamente ha trabajado el interés de varias generaciones de lectores.

 

Jorge, para comenzar, es hijo de una linda aldeana de Yanahuara, que se deja seducir por un joven rico de la ciudad. Un breve idilio, el apurado matrimonio clandestino; luego el largo olvido. Es el mismo trágico preludio de Peregrinaciones de una paria, que empieza con la revelación de una falla en el estado civil de la autora, que ésta se propone corregir viajando al Perú vara cobijarse en el seno de su familia paterna, «con la esperanza -dice- de encontrar allí una posición que me hiciera entrar de nuevo en la sociedad». Todo esto parece que forma parte de lo que la escritora Marthe Robert llama «la gran aventura del bastardo en la novela occidental», que se inicia con Cervantes y que, bajo diferentes formas, se prolonga con Stendhal, Balzac, Flaubert y Kafka (3).

 

El mérito particular de la novela de María Nieves está en que liga el sueño de legitimidad del protagonista con la realidad profunda del mestizo. Porque Jorge ya no representa al blanco citadino ni al indio campesino, sino a un nuevo conglomerado social, diseminado más allá de la ciudad y más acá del campo, en los arrabales. Este sector advenedizo, que canta los yaravíes de Melgar, es precisamente el que asume la novela de María Nieves come expresión de sus más caros sueños de reconocimiento social.

 

Pero María Nieves no se limita a hacer una exaltación de las virtudes del hombre del pueblo, sino que, desdoblando la figura de Jorge, logra mostrar los claroscuros del mestizo. Porque no todos los «mal nacidos» se entregan a lamentaciones sin fin, como Jorge, sino que hay otros que se dejan ganar por un deseo irracional de venganza, por una ira irreprimible que en la novela tiene también un nombre: Iriarte,

 

Aquí podría hablarse de lo que Mijail Bajtin denomina «principio de iluminación bilateral del tema principal” que encuentra su aplicación en este fenómeno de los «dobles» contrapuestos, que representan las dos caras del mestizo bastardo. Iriarte, por un lado, muestra la faz de la violencia, el desenfreno y el desprecio a los derechos de los demás, de que hace gala el mestizo; y que descubre la rabia del renegado hambriento de venganza, la perfidia del bastardo que quiere lograr a cualquier precio su ascenso social. Jorge, por el otro lado, presenta la faz del rebelde con causa, del luchador social, del héroe que aspira a legitimar la condición de los «mal nacidos” y a crear un paraíso que acoja también a los parias y a las aves sin nido de este mundo. La oposición es clara, por un lado, Iriarte encarna el sueño individual arribista; y por el otro, Jorge representa el sueño colectivo de cambio de vida. Y aunque parece sugerirse un contraste tipológico entre el limeño y el arequipeño, caracterizados por Iriarte y por Jorge, no es este el tipo de oposición que se plantea, a pesar de que el telón de fondo de la novela sea el de un conflicto histórico entre las dos ciudades. Más bien se trata de una especie de contradicción «subjetiva», de una pugna interior. El conflicto histórico se convierte así en el Iriarte y el Jorge que cada cual lleva en sí, el arribista y el rebelde que mora en el corazón de cada mestizo. De este modo la historia del país se convierte en la «historia del alma individual», una transposición conforme a la auténtica tipología”.

 

Pero la afición musical d e María Nieves trasciende en su obra literaria no sólo en este manejo del contrapunto, y en el modo como hace que varias voces canten diferente el mismo tema, sino en el modo como estructura la novela misma como una polifonía. Resulta curioso, por ejemplo, que los personajes siempre aparezcan por pares. Las hermanas Velez son dos, igual que las Peña; la mayor siempre grave y responsable, la menor risueña y ligera de carácter. Jorge y su amigo Luis, verdadero Pilades; Iriarte y su ordenanza Pedro, instrumento de sus fechorías. Hasta los ladrones aparecen en yunta: el zambo Lorenzo y el chileno Braulio. Estos pares complementarios, a su vez, forman otros pares, contrapuestos. Esto permite proyectar la novela hacia el conflicto de posiciones ideológicas y la confrontación de las voces de la época, lo cual determina la importancia del diálogo, donde las voces más variadas se contraponen enfrentando caracteres, destinos e intereses de clase. Porque si en los grandes episodios locales parecen confundirse las clases arequipeñas, es por efecto de las muchas voces que se unen en la polifonía. Y la novela de María Nieves se hace eco de esa «pluralidad de voces y conciencias autónomas e inconfundibles”, con sus mundos correspondientes que se combinan en una polifonía. La autora, en realidad, no hace pasear por las clases de Arequipa del siglo pasado, ya que es una anfitriona que se entiende perfectamente con sus huéspedes más variados: el linajudo aristócrata, el humilde artesano, el santo, el soldado. A esta heterogeneidad se agrega la diversidad de niveles de la novela, porque la autora por igual ofrece, por ejemplo, la descripción de un vestido de novia como la disposición de una batalla.

Así se expresa en la novela lo característico del mestizaje, que es mezcla, de sangres, espacios sociales, mundos culturales que antes aparecían «como autónomos, orgánicamente cerrados, solidificados” (4).

 

La novela de María Nieves, en este sentido, es la expresión precursora del espíritu del capitalismo, que mezcla y confunde estos mundos, porque representa la pluralidad de voces y consciencias autónomas en un mundo plural y polifónico. Es éste un mundo nuevo, que anuncia una realidad diferente, en un canto que no es fúnebre, el de los indigenistas, sino que es más bien la canción de cuna de nuestro mundo mestizo,

 

Esta es la canción que entonan a Arequipa, el más valiente de sus poetas y la más apasionada de sus escritoras. ¡Qué gran cosa, por cierto, es para una ciudad poseer voz, poder envanecerse de que salga de su seno un hombre que pueda decir melodiosamente lo que su corazón siente, y una mujer que cante sus heroicas hazañas y que aliente sus sueños más elevados!

 

 

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(1) Entrevista de Mario Diario Noticias, 15/08/1947, que se realizó sólo unos pocos meses antes de la muerte de la escritora.

(2) Clorinda Matto de Turner. Las vísperas franciscanas, en La Bolsa, 08/10/1883.

(3) Marthe Robert. Novela de los orígenes y orígenes de la novela. Taurus. Madrid, 1973, pp. 284.

(4) Bajtín Mijail. Problemas de la poética de Dostoieswsky. F.C.E., Mex., 1986, pp 86.

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