El cuento arequipeño

Siete períodos

La Antología de Cuentos Arequipeños, publicada por el Gobierno Regional en 2010 reúne una variedad de narraciones que constituyen buena muestra para vislumbrar los períodos por los que ha ido atravesando la literatura arequipeña, sin embargo, creo que deja algunos cabos sueltos, los que incluso dificultan su propia organización.

Es evidente que el factor para la selección y sistematización de la antología fue el tiempo, y a pesar de ello, no nos queda claro si se tomó como elemento base a los autores por generación o al cuento por año de publicación. Bases que considero, debieron ser aclaradas en el prólogo, así como los elementos que fueron tomados en cuenta para reunir la antología.

A la hora de proponer una periodización, surge un problema: ¿Cuál será el método más adecuado para periodizar a la literatura arequipeña? Inicialmente pensé basarme en la periodización que Carlos García-Bedoya propone para la Literatura Peruana. García Bedoya plantea básicamente dos etapas y cinco periodos. La antología que analizamos, formaría parte de la segunda etapa, y de los dos últimos períodos: Período de la República oligárquica (1825-1920) y Período de crisis del estado oligárquico (1920-1980). Sin embargo, como menciona García Bedoya, debemos examinar el proceso literario concreto para descubrir las rupturas que nos permitan establecer las distintas secuencias. Y no sólo eso, sino detectar las cambiantes relaciones que se establecen entre ellas. Entonces, ¿de qué forma podríamos periodizar los cuentos arequipeños, si observamos que algunos rebasan las líneas que delimitan la propuesta de García? Por ejemplo, notamos que algunos rasgos costumbristas de los cuentos arequipeños se extienden más allá del primer período; y también, que la caracterización que García Bedoya hace de los movimientos literarios es a partir de rasgos que ha encontrado dominantes en obras costeñas. De alguna forma, utilizar esta periodización forzaría la de los cuentos arequipeños.

Aunque sabemos que debemos rechazar cualquier visión de la historia literal, proponemos, antes que hacer una periodización, clasificar los cuentos de acuerdo a los distintos movimientos literarios que han marcado la literatura hispanoamericana, tomando en cuenta los caracteres dominantes que permitirán adscribir uno u otro cuento a determinado movimiento.

EL ROMANTICISMO

El romanticismo se inaugura con “El rapto de Miz-Miz”, narración que sigue la clásica estructura de un cuento de hadas. Miz-miz cumple el papel de princesa y Zapirón, de héroe aventurero que tiene que imponerse a la fuerza y raptar a Miz-miz, para poder obtener su amor. Consta de ingredientes románticos: el amor imposible de Zapirón hacia Miz-miz por pertenecer a distintas clases sociales, aun si se asegura el “ilustre linaje” del gato montés.

“Un oficial de Herrería” muy bien podría ser un cuento regionalista, por ciertos rasgos indigenistas; sin embargo, la presencia del indio como el “noble salvaje” y  el tono exaltado con el que se relata la muerte “dulce” de Luis, el personaje heroico que participa en la revolución, revelan sus rasgos románticos.

Por otro lado, “Misiá Pituca”, de Francisco Gómez de la Torre, se caracteriza porque más que presentar una acción, hace la descripción de un personaje típico de la época: la vieja cínica. Por tal motivo, podría inscribirse dentro del Costumbrismo, que en su afán por rescatar los prototipos nacionales y por corregir las malas costumbres, describe los rasgos externos de una sociedad, deteniéndose en lo peculiar y en lo pintoresco de los hábitos. “El fantasma del Callejón de la Catedral” presenta también algunos rasgos costumbristas porque que se estructura alrededor de una leyenda: el monje sin cabeza. La posición del personaje principal, joven que desafía la fácil credulidad de la gente de la época, funciona como una postura crítica hacia la sociedad. Otro buen ejemplo de costumbrismo resulta “El Rudecindo y la Tomasa”, caracterizado por la presencia de estereotipos: las familias enemigas, la mujer como objeto de venganza, la situación deshonrosa de la mujer; además de la marcada oralidad del discurso.

“La muerte de Sarrasqueta” es un cuento en el que aún se imponen rasgos costumbristas como el tema del “muerto vivo”, pero ya aparecen algunos realistas: la cirugía médica, la quiebra económica del personaje principal.

REALISMO Y NATURALISMO

La antología da un salto cualitativo con Gastón Aguirre Morales. “Tic-tac”, desde un inicio, promete que será diferente, pues deja de lado la descripción preliminar del espacio para enfrentarnos con el personaje en plena acción; y la oposición campo-ciudad, para localizarse  en la ciudad. El personaje ya no es un prototipo, es un hombre de mediana edad, relojero, de pensamientos sórdidos, que hace introspecciones. La mujer deja de ocupar el lugar “honroso” de la literatura romántica, para convertirse en un objeto reproductor. Los sentimentalismos han quedado fuera, el naturalismo se cuela a través de la voz de los personajes. Los relojes ponen en movimiento la sociedad, el tiempo avanza demasiado rápido, ya no solo arrasa con la vida, sino con la belleza y con los sueños.

VANGUARDISMO

Hemos decidido adscribir “Los Sapos” al vanguardismo por la evidente experimentación técnica que demuestra. Para comenzar, representa de por sí un género híbrido: es una suerte de poema narrado o narración poética. La linealidad ha sido dejada de lado para fragmentarse a manera de escenas cinematográficas; la gran cantidad de metáforas lejos de entorpecer el relato, lo enriquecen. La correspondencia entre las sensaciones internas de Occlla Tenco y el medio ambiente, podrían ser, además, una pincelada surrealista.

REGIONALISMO

El regionalismo emerge casi simultáneamente con la Vanguardia, menciona García-Bedoya; y su vertiente más propia fue el indigenismo. Esta vertiente se caracterizó por dar cuenta de un referente andino, como en el caso de “El cajón” de Mario Arenas Rodríguez. El cuento está localizado en algún pueblo de los andes, donde Manuel Auqui “está montado en un jamelgo… oteando en los zarzales…” Las referencias orales son evidentes, así como el empleo de palabras quechuas como “suyaychic”.

COSMOPOLITISMO: Existencialismo

Una vertiente del cosmopolitismo es el existencialismo. A diferencia de los movimientos anteriores, el existencialismo presenta una situación angustiosa del hombre moderno que se enfrenta a un mundo mecanizado a punto de destruirse. Los valores tradicionales han dejado de existir, como sucede en el magistral cuento de Edmundo de los Ríos “Las cosas que se dicen en cualquier parte”, cuyo personaje se encuentra totalmente desprotegido e inútil en medio de una sociedad que parece constituida por robots, que no hacen más que exigirle “Diga de una vez lo que dijo”. Seres incapaces de escucharle, o darse cuenta de lo absurdo de no creer que una persona “no dijo nada”. La comunicación en esta sociedad está atravesada por una muralla infranqueable.

NEORREALISMO

El neorrealismo es un movimiento que toma en cuenta Saymour Menton, en la antología crítico-histórica que hace del cuento hispanoamericano. Se caracteriza por dejar de lado las descripciones meticulosas del realismo y naturalismo, para hacer uso de un estilo sencillo y transparente, con detalles significativos que destacan el lado humano de los personajes, así como los conflictos sociales. El neorrealismo apunta a un real por descifrar, y rechaza lo fantástico, lo mágico, lo abstracto y lo mítico. Así los cuentos de Willard Díaz Cobarrubias, Fernando Rivera Díaz, Oswaldo Chanove y Goyo Torres podemos situarlos en este movimiento. Vemos, además, experimentación en el estilo, como en “La cita”, donde el cuento se fragmenta en dos historias que confluyen hacia un punto único: el accidente de tránsito; o la entrevista que se hace el propio vagabundo en el cuento de Oswaldo Chanove.

OTROS

Una mención especial debe ser destinada hacia el cuento “Mateo Yucra” de Juan Pablo Heredia, que podría ser clasificado en un movimiento relativamente nuevo pero que ha originado obras artísticas a lo largo de la historia de Latinoamérica: Literatura de la violencia. El cuento tiene rasgos fantásticos y detectivescos, que se inscriben magistralmente en la época del terrorismo.

Otro, como el cuento de Carlos Herrera, “Historia de Manuel Masías” formaría parte de los cuentos fantásticos. En diferente medida, “Un blues en la noche” de Yuri Vásquez y “El descanso” de César Sánchez, poseen rasgos fantásticos que  crean en el lector una sensación inquietante de extrañeza. Las historias se inscriben en la vida ordinaria, donde de forma inesperada se confunden las fronteras entre lo real y lo sobrenatural, lo vivido y lo soñado. Dichas características, permiten categorizarlos como cuentos pertenecientes al movimiento fantástico-moderno.

 

Deja un comentario